miércoles, 22 de enero de 2014

La industria maquiladora sonorense y la balanza comercial. ¿Entrada de divisas o ilusión contable?






Edgar Piña Ortiz[1]



 



Resumen

En este trabajo se revisa la teoría clásica de la integración en busca de referencias a la industria maquiladora de exportación (IME), como factor de integración económica. Luego se examinan las cifras de la balanza de mercancías del estado de Sonora y se cuestiona si el superávit comercial registrado se corresponde con una entrada real de divisas a la economía sonorense. Tras de analizar el régimen legal en materia de control de cambios aplicable a la IME y de efectuar algunas consideraciones en torno al impacto hipotético que sobre la economía local tendría un flujo de divisas de la magnitud que la estadística indica, se arriba a la conclusión de que más bien se trata de una ilusión contable que no tiene sustento en la realidad.


Palabras clave: maquiladora, balanza comercial, generación de divisas, control de cambios.
 
 
ABSTRACT


This paper reviews the classical theory of integration in search for references to the maquiladora industry (IME) as a factor of economic integration. After examining the figures in Sonora state´s balance of goods, it questions whether the trade surplus corresponds to an actual entry of currency into the state economy. Subsequently an analysis of the exchange control legal regime applicable to the IME is done, and some considerations as well about the hypothetical impact that a currency flow of such magnitude as the statistics indicate, would have on the local economy; we arrive at the conclusion that it is rather an accounting illusion that has no basis in reality.

Keywords: maquiladora, trade balance, foreign currency, exchange control.

  



La industria maquiladora de Sonora, al igual que la establecida en otras localidades de la frontera norte de México, tiene sus antecedentes desde mediados de la década de los sesentas del siglo pasado. Es decir, tiene una antigüedad prácticamente de medio siglo.


Ciertamente desde los inicios de esta actividad  el discurso, la justificación, la filosofía declarada, alude principalmente a una política de fomento industrial, laboral y fiscal vinculada a la creación de empleosy a un despegue manufacturero que impacte el mercado interno, con derrame tecnológico y de divisas, insertado en la apertura y la globalización.


Después de medio siglo de establecida, la industria maquiladora de Sonora, ahora también presente en localidades no fronterizas, sigue siendo lo que siempre ha sido. Un redituable negocio de ensamblado de las piezas que integran productos terminados para su regreso a su país de origen, bajo condiciones ventajosas en materia de salarios, fiscal, control de cambios, laboral y ambiental, principalmente.


Una primera revisión documental del fenómeno de producción industrial maquilador, nos  permite identificar dos corrientes, a veces no muy bien definidas, pero que consisten, una la que agrupa visiones optimistas y brillantes y, otra, la que se dibuja en claroscuros, en ventajas y desventajas, en interrogantes más que en respuestas.


En la primera agrupación los argumentos más comunes consisten en que la industria maquiladora de exportación (IME) significa la creación masiva de empleos, una balanza comercial positiva, fincada en las exportaciones manufactureras; una sana entrada de divisas al país; transferencia tecnológica, desarrollo empresarial, encadenamientos de suministros y servicios  locales y algunos otros argumentos positivos  (Carrillo y Gomis, 2003; Gómez, 2004; Carrillo y Hualde, 1997)



Existen autores que inclusive reconstruyen un proceso histórico en el que se distinguen hasta tres o cuatro generaciones de maquiladoras, una de las cuales se caracteriza por la existencia de un tipo de negocios que realizan  investigación y desarrollo de productos y mercados (Gómez, 2004:68, Carrillo, 2009:85), lo cual significaría una integración industrial avanzada.


En la otra visión menos optimista se argumenta que la demanda de recurso humano consiste preponderantemente  en mano de obra no calificada y de bajos salarios, en la que sobresale el empleo de mujeres jóvenes (Cortez, 2008). Se sostiene, que las condiciones laborales no son óptimas y que los índices de rotación son elevados, lo cual refleja inestabilidad en los trabajadores.


En la misma forma en esta diferente visión del fenómeno maquilador en nuestro país en general y en Sonora en particular, con frecuencia se resalta que los porcentajes de participación de los suministros locales son muy bajos en los procesos multinacionales de fabricación de los productos; que la transferencia tecnológica es escasa y los impactos en el desarrollo gerencial son limitados (Cortez, 2008; Beldesky et al, 2004). Hay que  agregar, además, la gran ventaja fiscal de acuerdo a la cual,  las empresas transnacionales propietarias de las marcas, la tecnología y la maquinaria, gozan de exenciones impositivas, sindicatos complacientes y normatividades ambientales y sanitarias flexibles.


Nuestra particular apreciación del fenómeno maquilador es que sin lugar a dudas ha jugado un papel casi vital en el aspecto de la creación de empleos a mano de obra no calificada y de bajas percepciones salariales, el cual es, sin lugar a dudas un estímulo importante al sector comercial y de servicios de las localidades donde existen este tipo de plantas.


En la misma forma se apoya el argumento de que la IME en Sonora exhibe una limitada vinculación con el desarrollo local, lo cual la aleja del cumplimiento de la expectativa legítima de la integración económica entre los países. 


Otros aspectos de la IME que no son objeto de atención de este documento y que actualmente están bajo escrutinio y discusión, son los encadenamientos productivos de la maquila con las economías locales, la transferencia tecnológica y el tema ya aludido de la creación de empleo y la derrama salarial en el mercado interno.


El objetivo de este trabajo consiste en discernir si  la balanza comercial positiva y la entrada de divisas generada por la IME tienen un impacto significativo en la balanza de pagos del país y en el desarrollo de las localidades sonorenses que albergan este tipo de empresas.


Pero para enmarcar el tema en el más amplio de la integración económica entre países, en este documento se inicia con una revisión de la llamada teoría clásica de la integración cuyo fin consiste en indagar si el fenómeno de la industria maquiladora forma o formaba parte del esquema teórico y conceptual de los economistas de la integración. 


Luego se examina la información disponible sobre la cuenta de mercancías del sector externo del estado y se busca el apoyo de otros autores para intentar identificar algunos hechos de la realidad que clarifiquen la existencia o no de un saldo real positivo del comercio exterior y una entrada verdadera de divisas al mercado financiero regional.

2.    Aspectos teóricos de la maquiladora  y la  integración económica.


No se han encontrado hasta ahora, antecedentes teóricos de la maquiladora como factor de integración. En algunos de los textos, que se pueden considerar clásicos de la integración,  el concepto de este tipo de industria no parece estar contemplado, como se verá líneas adelante.


Por otro lado, existen investigaciones académicas que tratan a  la IME como objetos de estudio en torno a modelos de industrialización o como producto de la globalización y la transnacionalización de la producción industrial. Es posible encontrar una interesante colección de estudios y disertaciones sobre la IME, en las que se investigan, con diversidad de enfoques e intereses, sobre prácticamente todos los aspectos involucrados en la industria.


Sin embargo, percibimos algunos temas que se han omitido o que su tratamiento es superficial y de pasada. Son éstos los de la IME como fuente de exportaciones del país y como generadora de divisas para nuestra balanza de pagos. Más adelante regresamos a este tema que es propiamente el objeto de este trabajo.


El cuadro 1,  elaborado en base al documento Tipos de Integración Económica de Bela Balassa (1976), contiene en forma resumida lo que algunos autores consideran como proceso de integración económica.

Cuadro 1

Etapas de la integración económica

(Según varios autores)

Balassa
Literatura Occidental
Kitamura
Pinder
Vajda
1.Zona de Libre Mercado

2.Unión Aduanera


3.Mercado Común

4.Unión Económica

5.Integración Total

1.Integración commercial

2. Integración de factores de producción

3.Política de armonización

4.Política de integración total

La coordinación y armonización de políticas económicas  nacionales, será instrumento importante en las etapas iniciales del proceso.
En ciertas circunstancias la integración puede ser lograda aun sin levantamiento de barreras comerciales.

La integración económica, se considera en dos formas: como eliminación de obstáculos comerciales entre los países y como la aplicación de políticas que aseguren objetivos económicos y bienestar.

Propone una distinción entre integración de mercados e integración de la producción y el desarrollo.
Lo primero significa ventas libre entre los socios y lo segundo programación de industrias con economías de escala.



Fuente: Elaboración propia con información de Balassa, 1976.


Como se puede observar en este resumen, la IME o cualquier forma de producción e intercambio que se le asemeje, no forma parte de las etapas de un proceso de integración económica, al menos como se entendía en los años en que estos autores ofrecieron sus propuestas.


Sin embargo, al requerir la maquiladora la libre entrada y salida de piezas y mercancías entre dos o varios países, se puede aceptar identificarla como componente de una zona de libre comercio, aun cuando en sentido estricto no existe comercialización de las mercancías en el país donde se ensamblan los productos terminados[2]


En la misma forma, lo aportado por Vajda, es decir, el concepto de integración económica entendido como integración de la producción y el desarrollo o como programación de industrias con economías de escala, también podría encajar como categoría teórica con lo que está sucediendo en la realidad, esto es, el establecimiento y permanencia de la IME en Sonora. Sin embargo, esta condición de economías de escala se cumpliría localmente siempre y cuando fuera observable en la realidad un claro proceso de encadenamientos con la industria doméstica.


Veamos  ahora el resultado de una exploración en busca de antecedentes teóricos de la actividad maquiladora.

2.1 Estudios antecedentes sobre la IME y la integración


Una búsqueda  del tema de la maquiladora  y su inserción en la teoría de la integración generó como resultado la localización de algunos trabajos que la consideran como modelo de industrialización, lo cual en cierta forma puede entenderse como un paradigma de crecimiento y desarrollo, es decir, de integración económica.

Para empezar, es posible aseverar que tanto la discusión teórica como la investigación realizada en esta área de los modelos de industrialización en México han sido hasta el momento limitadas a unos cuantos autores.

De la Garza Toledo et al (1998), intentan un diagnóstico de las formas de industrialización en nuestro país a finales de los noventas, sobre la base de los tipos de articulación entre, por un lado, la base socio técnica (tecnología, organización del trabajo, relaciones laborales y fuerza de trabajo) de la empresa y, por el otro, los mercados y el gobierno.

El propósito de estos autores al efectuar este estudio consistió en analizar la potencialidad de estas formas de industrialización en contextos macroeconómicos abiertos --lo cual en cierta forma coincide con la situación actual del país--, y esbozar las condiciones para el desarrollo de modelos alternativos de industrialización.

Después de discutir los tipos de encadenamientos productivos posibles en las diversas regiones industriales de nuestro país, el grupo de investigadores coordinados por De la Garza, estuvieron en condiciones de construir dos escenarios extremos denominados distritos industriales y ciudades empresariales.

Un distrito industrial es aquel que se caracteriza, de acuerdo a estos investigadores, por la existencia de vínculos entre sistemas de producción y distribución y las culturas laborales de los actores involucrados en zonas geográficas reducidas, pero de intensa interacción empresarial.

En este escenario los encadenamientos productivos son por lo general cooperativos –más que competitivos-, equitativos y armónicos. Bajo esta forma de industrialización son frecuentes los sistemas de lean production, especialización flexible y re-profesionalización del trabajo (Ibídem: 93)

Por lo que se refiere al modelo industrial de las ciudades empresariales, continúan estos autores, los teóricos de la Nueva División Internacional del Trabajo (NDIT), las consideran como escenarios tipo enclave, en los cuales la integración regional es casi nula y las grandes compañías están en posibilidades de establecer un control prácticamente total sobre las condiciones de la producción industrial.

Bajo esta modalidad de producción, la mayor parte de los insumos son importados y la totalidad de la producción está dirigida al mercado mundial. El encadenamiento de los mercados de trabajo locales  resulta precario, en tanto que se busca contratar fuerza de trabajo descalificada y fácilmente sustituible.

Un aspecto importante de este modelo es la facilidad de relocalización que las empresas tienen al encontrar mejores facilidades en otras partes del mundo. Cuando esto sucede, el gobierno es un actor de intervención limitada ya que su función es de implementador de respuestas contingentes frente a la acción de las empresas, a las cuales busca atraer y retener dentro de sus fronteras.

En este modelo, las formas culturales de las comunidades en relación con el trabajo y la producción, así como las formas tradicionales de cooperación regional, que pudieran existir, poco o nada tendrían que ver con estas empresas, ya que el tipo de red al que pertenecen estas plantas industriales, es uno que se dispersa a lo largo de los países, y es controlado exógenamente desde los países centrales (Ibidem: 94).

Para otros autores, en la perspectiva de la globalización y la transnacionalización de los mercados y en algunos casos según su papel en los procesos de integración económica de los países,  la maquiladora es observada como parte de un modelo orientado a la exportación, en el contexto de estrategias de reestructuración productiva de los países industriales, en su lucha por el abaratamiento de costos y  la competitividad en los mercados de consumo.

Así, para Delgado W. et al (2007), el modelo exportador de fuerza de trabajo, contempla dos mecanismos de exportación laboral. Uno es el directo, vía la migración de la fuerza de trabajo, y otro es el indirecto, mediante lo que ellos llaman la maquila y la maquila encubierta.

De acuerdo a estos autores, la IME, la regular y la encubierta, funciona sólo como centro abaratador de costos de manufactura, pero por sus efectos está asociada a una dinámica degradante que repercute en cuatro aspectos de la economía nacional: la generación de procesos de des-acumulación; la transferencia al exterior de fuerza de trabajo cuyos costos recaen en la economía doméstica; el desmantelamiento de buena parte del aparato productivo interno; y el achicamiento y precarización del empleo formal de calidad.

La expresión concluyente de estos investigadores es que el fenómeno mundial de la industria maquiladora de exportación es posible identificarlo, sin lugar a dudas, como un componente importante en los procesos de apertura e integración económica entre países de diverso nivel de desarrollo industrial.

Con estos elementos teóricos, revisemos ahora la IME en su papel de contribuyente a la cuenta de mercancías con el exterior y como generadora de divisas.

3.    La IME como exportadora y generadora de divisas.




La expectativa  de incrementar la entrada de divisas y el fortalecimiento de la balanza de pagos es posible identificarla desde el inicio de las primeras plantas maquiladoras en la frontera norte de México, por allá a mediados de los años sesentas del siglo pasado (Bustamante, 1975).

Muchos de los documentos consultados para este trabajo hacen referencia a este beneficio para la economía mexicana en general y de Sonora en particular y es un hecho que después de medio siglo de establecida la IME en nuestro territorio el asunto de la balanza comercial positiva ha adquirido prácticamente la categoría de axioma

Gómez en su trabajo ya citado sobre el desarrollo de la IME en México destaca que el  “desarrollo de la maquila ha tenido evidentes efectos positivos para la economía mexicana, tanto micro como macroeconómicos. Entre estos últimos están la creación de empleo, el aumento en las exportaciones y la contribución positiva a la balanza comercial” (2004:67).



Más recientemente, Cortez y Ramírez (2008), al referirse al debate acerca de si el “modelo” maquilador es la estrategia adecuada de desarrollo industrial dicen que ambos lados de la polémica reconocen el impacto positivo del sector maquilador como generador de empleo y de divisas.



Vázquez (2009:59) en un capítulo sobre el itinerario de las transformaciones estructurales de Sonora de su libro sobre la frontera norte  y la economía sonorense, destaca el dinamismo de las exportaciones del estado y señala que el comportamiento más significativo de éstas se inicia en los años noventas coincidiendo con la entrada en producción de la Planta Ford de Hermosillo.



También subraya este autor que “de acuerdo a la participación de cada sector en el conjunto de las exportaciones, destacan los montos de la maquiladoras y a partir de 1990 las de la industria automotriz” (Ibídem: 60).



Este mismo autor acude a otros indicadores y cifras para apreciar el avance exportador del estado y la internacionalización de la economía sonorense, sin omitir el dato de que en lo que se refiere a la existencia en Sonora de empresas altamente exportadoras (ALTEX) de seis que existían en 1988 se pasó a 133 en 1996.



Para avanzar en el examen del esperado impacto positivo de la IME en el comercio exterior del estado, veamos algunas cifras tomadas del autor citado.

 3.1 Las cifras del comercio exterior


En el cuadro 2, se observan los valores en millones de dólares del remanente en divisas que deja, de acuerdo a datos oficiales, la dinámica de importaciones-exportaciones de la maquila en  Sonora, a partir de 1990 y hasta 2002, es decir, una serie de 13 años.


Cuadro 2

Saldo de la balanza comercial de la IME en Sonora

(Millones de dólares)


1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
 Total

Maquiladora
244
253
305
363
404
553
485
423
708
686
697
359
524
6004

Industria Automotriz
147
203
229
207
361
367
617
657
668
449
352
457
532
5246

Suma
391
456
534
570
765
920
1102
1080
1376
1135
1049
816
1056
11250

Fuente: Elaboración propia con datos tomados de Vázquez, 2009:63.


La suma de los dólares acreditados a  la economía sonorense y propiedad de las empresas foráneas establecidas en el territorio nacional, van de los 391 millones de dólares en 1990, hasta más de mil millones de dólares en 2002 y alcanzando la interesante suma de más de 11 mil millones de dólares a lo largo del periodo.


Según la información del cuadro 2, se observa que el crecimiento promedio del período 1992-2002 por lo que respecta al saldo positivo de las industrias maquiladora y automotriz,  es del  270% entre 1990 y 2002 lo cual significa un crecimiento promedio anual del 22 % en los trece años. Nada mal para un estado urgido de inversiones productivas


A reserva de explorar otras formas de entendimiento de la situación, consideremos las cifras en pesos mexicanos.


Para tener una idea del impacto que esta entrada de divisas tendría sobre la economía regional, acudamos a cifras de referencia, como lo puede ser, digamos, el presupuesto de ingresos del H. Ayuntamiento de Hermosillo.


Para el año de 2002 la organización municipal responsable de los servicios públicos, arrancó con la cifra de 856 millones de pesos (INAFED, 2012). Este flujo anual de moneda, es la base financiera de que disponen las autoridades para entregar a la población una enorme cantidad de servicios de urbanización, limpia, seguridad, alumbrado, agua, por mencionar algunas.
 

Si los 1,056 millones de dólares, saldo remanente de la actividad maquiladora y automotriz en Sonora en 2002, los convertimos a pesos, esto es 10 por dólar –tipo de cambio fluctuante en aquel año-,  resultan en la cantidad de 10 mil 056 millones de pesos. Con esta cantidad se suministraría el flujo de efectivo para 11 municipios como Hermosillo, u once años de presupuesto para la misma municipalidad, al nivel de gasto del 2002 (856 millones de pesos).


Pudiera ser que esos dólares contabilizados en el registro oficial como remanentes en Sonora, estuvieran siendo invertidos en las franquicias, urbanizaciones, desarrollos habitacionales, tiendas al menudeo, salas de cine, o cualquier otro destino probable. 


O también pudiera ser que esos dólares entraran al mercado monetario del estado y luego se invirtieran en la infraestructura de las ciudades vía créditos de la banca a los municipios, ya que como bien se sabe ellos también enfrentan necesidades de servicios, vialidades, agua, control de deshechos y otros.


Otra hipótesis es que tal vez entran esos dólares al sistema bancario y este se encarga de transferirlo a otras plazas del país o del extranjero dónde hay empresas requeridas de financiamiento para innovar, ampliar o reforzar sus operaciones, o para simplemente permanecer en el mercado.

En busca de respuestas, esto es lo que se encontró.


El primero de septiembre de 1982, el entonces presidente José López Portillo, en forma simultánea al decreto de nacionalización de la banca, presentó al H. Congreso de la Unión el referente al Control Generalizado de Cambios (López Portillo, 1982), en el cual quedan comprendidas las operaciones de importación y exportación de la industria maquiladora.


Este estricto régimen de control de cambios fue modificado el 13 de diciembre del mismo año, a la entrada de Miguel de la Madrid al Poder Ejecutivo y en el se establece la figura del mercado controlado en el que quedan comprendida la exportación de mercancías que efectúe cualquier persona física o moral (De la Madrid, 1982 a). 


Para el día 20 del mismo mes se decretan las reglas complementarias en las que el control de cambios se hace más estricto obligando a los exportadores a vender a la institución de crédito de su elección, al tipo de cambio controlado de compra, la totalidad de las divisas correspondientes al valor de tales exportaciones, hecha la deducción de los gastos asociados autorizados en los términos establecidos en el Compromiso de Venta de Divisas que figurará al reverso del Pedimento de Exportación correspondiente (De la Madrid, 1982 b).


Por otro lado, es sabido que prácticamente desde sus inicios en México, las empresas maquiladoras establecidas operan bajo un contrato de maquila entre la propia empresa y la matriz radicada en el extranjero.  Una empresa que establece un contrato de maquila no factura el producto final, ya que  le pertenece a la compañía que de inicio le envío el material para que fuese ensamblado en México. La maquiladora factura el costo de conversión, que viene siendo la mano de obra y los gastos de fabricación incurridos más un porcentaje mínimo de ganancia.


Ante esta forma de funcionamiento de la maquiladora a las autoridades no les quedó otra más que expedir el mismo día que se emitieron las reglas complementarias, un acuerdo de la entonces Secretaría de Comercio, mediante el cual se exceptúa a las empresas maquiladoras del mercado controlado de divisas (Hernández, 1982).


De acuerdo con toda esta normatividad, las empresas maquiladoras están obligadas a vender divisas, al tipo de cambio oficial, a la banca privada del país y de ahí tomar los pesos mexicanos que necesitan para pagar sueldos, salarios, arrendamientos, bienes, servicios,  suministros e impuestos. 


En estos conceptos, como se observa, no aparece el renglón de importaciones y exportaciones, puesto que como se dijo, no existe realmente esta forma de comercio y se trata de entrada de piezas al territorio nacional, propiedad de la empresa extranjera, para que sean ensambladas y regresadas al país de origen, todo bajo un contrato específico firmado por las partes intervinientes. 


En un documento del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, firmado por el doctor Reginald L. Davis Scott, y escrito a mediados de los ochentas (Davis, n.d.), se hace referencia a la legislación concerniente al régimen monetario de la IME en México.


Davis alude a que desde sus inicios en los años sesentas del siglo anterior, la maquiladora se ha fomentado como generadora de divisas, vinculada directamente al exterior y contribuyente substancial de la balanza de pagos de México con otros países.


Este autor describe los antecedentes legislativos mencionados y hace referencia a la obligación que tienen las empresas maquiladoras de abrir en instituciones bancarias de su preferencia cuentas especiales, denominadas en dólares, en las que se deberán depositar las divisas, con las cuales, una vez convertidas a pesos mexicanos, al tipo de cambio oficial, deberán de hacer frente a sus compromisos  de pagar sueldos, salarios y los otros conceptos ya señalados.


Hace alusión Davis al acuerdo que exime del control de cambios a las exportaciones de las empresas maquiladoras, pero no aporta detalles ni opina sobre dicho aspecto.


También en este documento, su autor ofrece un discurso de los impactos benéficos en la economía nacional de la entrada de divisas, pero sin interés en sopesar la importancia de esa masa monetaria frente a la mayor que significa la diferencia entre el valor de las importaciones y las exportaciones. 


En un artículo sobre el comercio exterior manufacturero y los límites del crecimiento económico en México, el profesor Fuji de la Facultad de Economía de la UNAM, analiza el comportamiento de la balanza comercial manufacturera de 1988 a 1997, en el que se separan los valores de la industria manufacturera doméstica de la maquiladora de exportación.


Dice que “como se señaló, la industria maquiladora ha adquirido creciente importancia como generadora neta de divisas para financiar parcialmente el déficit comercial de la manufactura no maquiladora. Al desagregar el superávit comercial del sector maquilador por divisiones, se observa que el aporte de la VIII (productos metálicos, maquinaria y equipo) es decisivo al superávit comercial del sector. En 1988 generaba casi las tres cuartas partes del excedente comercial de este segmento de la industria, proporción que fue descendiendo levemente con el tiempo, aunque su magnitud en términos absolutos más que se duplicó de ese año a 1997” (Fuji, 2000:1014).



Luego acepta  que “la alta elasticidad de las importaciones, rasgo tradicional de la economía, creció a raíz de la apertura externa. Ello se debió a que la industrialización por sustitución de importaciones de decenios anteriores redundó en una base industrial considerable, pero que en gran parte no podía competir con los productos importados, por lo que sobrevivía al amparo de la protección”, la cual al cancelarse expuso a la industria a la competencia internacional, generando, entre otras cosas, una dependencia de las importaciones que se refleja en los déficits comerciales.



Este autor concluye que “para superar la restricción externa al crecimiento de la economía es necesario generar una estructura industrial interna que esté más integrada, con lo que la expansión de determinadas ramas estimulará el crecimiento de otras por medio de la demanda de insumos y de bienes de capital; ello atenuará la elevada elasticidad de la demanda por importaciones (Ibídem, 2000:1014).



Para este investigador, al igual que para todos los consultados para este trabajo, al examinar los saldos superavitarios de la balanza comercial, no parece existir una razón para indagar si el superávit comercial repercute en una entrada neta de divisas al país, lo cual como ya se vio no tiene un sustento en la realidad del régimen legal de la IME.

3.2 Algunas reflexiones sobre la generación de divisas de la IME


Razonemos de esta forma el asunto. Si en nuestro territorio existen corredores fiscales o zonas francas donde pueden entrar y salir piezas, suministros, equipos y manufacturas libre de impuestos, y aprovechando ventajas de mano de obra barata y abundante, facilidades laborales y ambientales, y algunos otros beneficios, ¿se puede considerar a esa producción industrial como de nacionalidad mexicana?


Si el trabajo consiste en ensamblar las piezas que componen el artículo y del total del valor agregado a la importación temporal, la mayor parte se deriva del trabajo humano y sólo mínimas proporciones de insumos y servicios locales, ¿Es razonable etiquetar a dichos productos como mexicanos?


Si la maquinaria, el diseño de productos, la tecnología, los componentes, la alta gerencia, la distribución, la mercadotecnia, la venta y finalmente la ganancia no pertenece a empresarios locales o nacionales, ¿Es lógico registrar esos valores como aportación al PIB estatal o nacional?


Como algunos autores lo señalan, si nos referimos a la IME estamos aludiendo a la existencia de enclaves extranjeros en suelo nacional, del que salen mercaderías para el mercado foráneo y al final de cada turno laboral trabajadores mexicanos cansados y muy mal pagados.


Todavía cabe otra pregunta más ¿Es correcto considerar como exportaciones mexicanas los productos ensamblados en las plantas enclavadas en el territorio nacional por más que lleven el sello Made in Mexico?


La diferencia contable favorable en la balanza de mercancías entre valor de importaciones y exportaciones, a juzgar por las consecuencias de la legislación vigente  aplicable a la IME, no ingresa al país y es incomprensible cómo autoridades, instituciones públicas, académicos e investigadores, consideran la improbable entrada de dólares a la economía como un axioma, es decir, una afirmación que no necesita demostración.


Consultado al respecto un notable economista sonorense no pudo más que coincidir en la interrogante y aventurar que si la millonada en divisas que genera la IME se invirtiera o se gastara en Sonora nuestras ciudades asemejarían a las de los emiratos árabes y el número de jeques locales aumentaría sensiblemente.


Este trabajo se propuso aportar elementos a la discusión de la industria maquiladora, básicamente en su papel de productora de exportaciones y generadora  de divisas. Otros aspectos importantes que ayudan a entender el nivel de integración de la economía local son los referentes al efecto de la IME como oferente de empleo e ingresos al mercado interno; como centros de transferencia tecnológica; y como generadora de encadenamientos productivos con la industria local.


Estos tres aspectos importantes para conocer si la maquiladora es generadora o no de crecimiento y desarrollo local, han sido investigados por varios autores y aunque el debate habrá de continuar por algún tiempo, este trabajo se enfocó a resolver  la interrogante sobre el destino de los remanentes de la cuenta corriente de la balanza de mercancías de Sonora.

4.    Conclusiones


La industria maquiladora de exportación, o cualquier otra forma similar de producción industrial e intercambio, no figura en la teoría clásica de la integración económica. Su inclusión en ella, probablemente sea pertinente en la etapa de zona de libre comercio, por la entrada y salida libre de piezas y manufacturas, aún cuando no se de el acto de la comercialización en territorio nacional.


El efecto económico de la IME en la economía de Sonora lo constituye, sin lugar a dudas, la oferta de empleo masivo, la derrama salarial y sus impactos en el mercado interno. Sin embargo dadas las limitantes de este efecto, es posible colegir que resulta más bien en un paliativo al desempleo crónico provocado por el insuficiente crecimiento de la economía doméstica.


Observada la función económica de la maquiladora en el conjunto de una economía, como la de Sonora, se puede afirmar que no logra generar ni la ocupación de calidad para un mercado de trabajo oferente de recursos humanos capacitados, ni la derrama salarial suficiente para impactar sensiblemente el nivel de ingreso y la capacidad de compra de la población.


Existe un aspecto al  que no se le ha prestado la atención que merece. Se refiere éste al registro estadístico de un superávit comercial del estado con el exterior y cuya consecuencia en la entrada de divisas al mercado local no ha sido verificada.


Dados los volúmenes de dólares que teóricamente ingresan a los mercados financieros nacionales, después de medio siglo, sus efectos serían evidentes en la infraestructura, la urbanización, el fortalecimiento del mercado interno y en general en el nivel de vida de la población.

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[1] Profesor Investigador de Tiempo Completo, Universidad Estatal de Sonora. Correo electrónico: edgarpinao@gmail.com
[2] Existen disposiciones oficiales que autorizan a algunas industrias maquiladoras a expender sus productos en el país, pero al parecer en la práctica esta posibilidad no se presenta en forma significativa.

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