domingo, 22 de julio de 2018

¡Zapatero a tus zapatos !



 Edgar Piña Ortiz



Todos los días, a todas horas, los 365 días del año, es posible observar a los usuarios de las redes sociales asumiendo posiciones, dando likes y respondiendo a posts  sobre temas de política y economía. Esto está bien porque todos los seres humanos tenemos el derecho fundamental a pensar y a opinar y nadie se deberá oponer a tal cosa, siempre y cuando las personas no atenten contra las derechos de otros individuos a pensar y opinar. Sin embargo, más allá de los derechos humanos a pensar y a expresarse, se presenta una situación a la quiero hacer referencia. 

¿Qué pensaría usted si un sociólogo, sin contar con ninguna preparación en el campo de la química hace una crítica sobre una formula química rechazándola o aceptándola,  haciendo uso de su derecho a pensar y a opinar? ¿O qué diría usted de un economista que sin una elemental idea de las técnicas y habilidades de la composición o la ejecución musical rechaza o elogia un desempeño artístico de una orquesta o una filarmónica, yendo más allá de su derecho a disfrutar, a sentir, a aplaudir una obra musical? Otras más, ¿qué diría usted de un jornalero agrícola que jamás ha tenido en sus manos un texto especializado en pintura pero critica enfáticamente una pintura de Picasso, Dalí o Miró? 

Si yo estoy en medio de la nada con una falla en mi automóvil y un carnicero en viaje carretero se ofrece ayudarme a salir del problema, basándose en su experiencia personal, pues esa es una situación afortunada y siempre le estaré agradecido al carnicero por ayudarme a salir de una situación problemática, pero normalmente cuando mi carcachita falla la llevo con el mecánico ¿no es cierto? Bueno todo esto viene a cuento porque a cada rato veo descalificaciones, rechazos, etiquetazos y hasta malestar y deterioro de relaciones humanas, personales y familiares por causa de temas de política y economía. Dijo Adam Smith hace algunas centurias que la desigualdad intrínseca de los seres humanos en cuanto a conocimientos, habilidades, preparación, deseos y preferencias, se resuelve en el mercado en un beneficio social que no es la intención de los seres humanos, gracias a los fenómenos sociales de la especialización y la división del trabajo.

Un sabio dicho popular es: zapatero a tus zapatos. Y sí, estoy de acuerdo, no soy músico pero me gusta, prefiero y aplaudo una melodía de Paul McCartney, es mi derecho y lo seguiré ejerciendo. También tengo mis preferencias políticas, pero en esto si tengo un poco más de fundamentos ya que a he estado metido en el campo de la economía política desde que era un menor de edad y siempre he estado dispuesto a ser cauteloso cuando se trata de opinar o asumir posiciones sobre  medicina o astronomía o física cuántica.

Usted, que tuvo la paciencia para llegar a este punto en la lectura: ¿está de acuerdo en lo anteriormente escrito o está dispuesto a menospreciar y hasta a insultar a quien no comparte sus preferencias políticas?

viernes, 17 de noviembre de 2017

La era de los wasazombies


La era de los wasazombies

Edgar Piña O

En todas las etapas y espacios de la humanidad es posible identificar ejemplares humanos, modelos estándar, comunes, de presencia notable que los distingue, los diferencia, de otros grupos humanos. Son lo que llamamos estereotipos. El cowboy y el indio de las praderas son estereotipos americanos. Un individuo rubicundo y tomando cerveza es estereotipo de los alemanes. El  mexicano, el ruso, el chino, el español, el caribeño, ustedes digan, evocan imágenes estereotipadas y dentro del gran estereotipo se presentan múltiples variedades, como sería el caso de los mexicanos norteños, costeños, citadinos, fronterizos, peninsulares y muchos otros.

 La entretenida tarea de describirlos la dejamos para otra oportunidad y por ahora enfoquémonos en tratar de identificar, observar y entender una especie humana en surgimiento simultáneo con el milenio que recién empieza. Este género de individuos, que parece tener réplicas y variedades a lo largo y ancho del globo terráqueo, ha brotado como hierva en la pradera después de la lluvia. Este surgimiento, esta emergencia sistémica, este producto híbrido generado por la combinación del fenómeno de la globalización y la constante innovación en las tecnologías de la información, se me ocurre llamarlo wasazombi.

Mire a su alrededor. Observe. Asómese por la ventana, salga al pasillo, camine por las aceras, por los parques y supermercados. Eche un vistazo a los patios de las escuelas, en las aulas, en los pasillos. Atrévase a sumergirse en las olas humanas de un mall, en las corrientes encontradas de un cine, un metro, un teatro. No pierda de vista la realidad y ahí estará el estereotipo de inicios del siglo veintiuno: el wasazombi.

Los libros, las revistas, los periódicos, los programas de radio, los noticieros de televisión, ni aún las conversaciones simples, elementales, tienen lugar en el mundo de los wasazombies. La comunicación  cara a cara, vista a vista, oído a oído, se ha estado reduciendo en la medida en que los pulgares toman posesión del pequeño teclado touch screen. Aún las computadoras de escritorio, las laptops, ahora indispensables para todas las generaciones, están desvalorizándose para el wasazombi común.

Como usted sabe, wasap o WhatsApp, la denominación oficial de la marca,  es una aplicación de mensajería instantánea para teléfonos inteligentes, que envía y recibe mensajes mediante Internet. Usted, como usufructuario, sabe que además de utilizar la mensajería en modo texto, los usuarios pueden crear grupos y enviarse mutuamente imágenes, vídeos y grabaciones de audio. Según datos fáciles de googlear, se calcula que a finales de la segunda década del siglo veintiuno wasap  supera los 800 millones de usuarios activos, el 70% de ellos activos diariamente, con múltiples entradas y salidas de la aplicación, app en corto.

El mismo Mark Zuckerberg, fundador y propietario de Facebook, y en su momento comprador, en una multimillonaria operación, de la app WhatsApp, dijo que la marca estaba  en el camino de conectar a mil millones de personas y que los servicios que alcanzan ese hito son de increíble valor en el desarrollo de las comunicaciones. La alianza Facebook y WhatsApp  permitirá «un mundo más abierto y conectado», dijo. Por su parte el  fundador de esta sencilla aplicación, tan sencilla  que hasta yo la uso, Jan Koum, en algún momento dijo que gracias al  impulso de las capacidades de mensajería simples, sólidas e instantáneas se está logrando una  profunda conexión de los usuarios en todo el mundo.

¿Pero esta enorme, casi total, capacidad de conexión está siendo utilizada por los millones de usuarios en formas eficaces, rentables en términos de negocios, estudios, investigaciones, educación, cultura y entretenimiento? Por supuesto que sí, la respuesta es positiva, pero ¿cuántos miles, millones de seres humanos, aquí y en cualquier otra parte del mundo, están usando la capacidad de conexión para asuntos triviales, sin importancia, sin ganancia neta para los participantes?

Existen imágenes de otras épocas en las que se puede advertir, por ejemplo, a muchos pasajeros de un autobús o de un tren, leyendo el periódico o revistas. También la imagen más reciente de varios pasajeros hablando por el cel. Pero la escena de todos, casi todos, bueno más bien todos, comunicándose con los pulgares es definitiva. Ahí agregue usted a una señora con audífonos hablando mientras camina o a la de un joven estándar regresando audios mediante el uso simplificado de una docena de palabras, las cuales usted también ya se las sabe. Y si no vuelva a salir a la calle y lo van encontrar, las palabras y los parlantes.

Y así, estas escenas de individuos, en su mayoría jóvenes, se reproducen atravesando calles, bajando de camiones, manejando o viajando en automóviles, en cafeterías, restaurantes, lugares públicos, estadios, supermercados, pero siempre “conectados” a otro wasausuario que seguramente comparte a plenitud la cantidad, la calidad, la frecuencia y hasta la intensidad de los mensajes.

El usuario que administra sus asuntos de manera productiva, eficaz, rápida e instantánea y logra una ventaja, una ganancia, un avance en un asunto, un negocio de importancia, es el mismo usuario inteligente, consciente, que utiliza en la misma forma otros medios de comunicación como las llamadas de voz, de video, los correos electrónicos, los grupos de Facebook, snapchat, Instagram y otros. Este usuario seguramente no textea mientras maneja pero sabe sacar el máximo provecho a las aplicaciones.

Pero aquellos que hasta su vida ponen en peligro por mantenerse hipnotizados con la brillante pantallita, esos son los wasazombies. Y, claro, los hay en diferentes grados de adicción, pero usted los ve atravesando calles, subiendo a camiones, sentados a la en la sala de su casa o la  sombra de un árbol, bajándose de automóviles, comprando en el súper o en el mall, apretujándose en un antro con luces de alucine, y  aún hasta en las iglesias y las aulas, en fin, en muchísimas situaciones, pero siempre, casi siempre, bueno, siempre, estarán “conectados” al wasap.

La  interconexión millonaria de usuarios de la app, constituyen una red mundial que asemeja una galaxia de interconexiones electrónicas que hacen posible la comunicación instantánea, en tiempo real, de un usuario en Moscú con otro en Caracas. No importa dónde estés, con tal que exista una red inalámbrica o cobertura celular, podrás decir a tu novia o tu esposa que las amas. En la misma forma podrás usar tu cuenta para anunciar al mundo tu decisión de replicar la Muralla China en la frontera norte de México. Y así.

Conocí a un coreano en sus cuarentas, que enviaba fotos de sus desarrollos matemáticos para ayudar a su hija en las tareas escolares allá en Hanam, cerca de Seul, estando él en Vancouver. Todos los días puedo observar o imaginar mensajes de usuario a usuario con ese limitado vocabulario al que ya hicimos referencia En este momento millones de niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, están intercambiando información acerca de lo que están haciendo o de lo que están pensando, en un flujo constante, interrumpido y reconectado millones de veces, pero siempre presente.

Este inmenso intercambio electrónico  cubre  el globo terráqueo y lo convierte  en un enorme cerebro iluminado por resplandecientes ondas sinápticas, que llevan y traen datos, información y conocimientos a terahertzs de velocidad. Y es en este cerebro bullente, precisamente de donde emergen los elementos constituyentes, los reactivos, los datos, la información y los conocimientos que son la materia vital de las revoluciones tecnológicas que recién han empezado.

Sin embargo, ¿estas revoluciones tecnológicas terminan beneficiando a todos los países, a todas las regiones, a todos los sectores y grupos humanos por igual? ¿Hay ganadores y perdedores? Bueno, la respuesta nos la puede dar un enfoque de sustentabilidad, por aquello de que todos los procesos productivos generan desperdicios, externalidades, inesperadas consecuencias, coproductos indeseados, casualties of war, o lo que usted quiera.

Bueno, pues eso son los wasazombies, en sus diferentes grados y presentaciones. Y sí, ya lo dijimos, lo mismo pueden ser vistos en Yavaros, Sonora que en Seattle, estado de Washington. Lo mismo en Reynosa, Tamaulipas, que en Paris, Francia y hasta puede que tenga uno en casa. Son universales y las sociedades humanas están, más o menos, lidiando con ellos. Las  últimas preguntas serían. ¿Qué país, qué región, qué ciudad, qué grupo o sector social acusa mayor incidencia del estereotipo wasazombi? Vuelva a mirar a su entorno. ¿Muchos wasazombies?




martes, 29 de agosto de 2017

La Leyenda del méndigo



La leyenda del méndigo
Edgar Piña Ortiz

Ante su foto, imagen o simple presencia, todo mundo se pregunta de inmediato cuánto pesará  aquella persona que se asemeja a una montaña humana. Luego cuestionará cuánto hay que comer para mantener activa una enorme masa de grasa sólida y huesos acompañados de otras materias. 

Todos conocemos personas obesas, corpulentas, desbordantes y muchos de nosotros no ganaríamos un concurso de condición de esbeltez, pero cuando usted  observa  la soberbia gordura del señor Gobernador del Banco de México, muchas interrogantes y certezas saltan a la vista. 

En la variedad de perfiles de complexión física de los mexicanos, el cuadro de obesidad del doctor  Agustín Carstens Carstens, sobresale en el extremo derecho de una escala que se inicia en cero en el extremo izquierdo.  Y todo está bien, hasta aquí y hay que respetar la condición o apariencia física de las personas como valor esencial de la convivencia,  pero resulta que nuestro aludido no es cualquier persona. 

Maestro y doctor en economía de la Universidad de Chicago y dónde él mismo fue profesor, el personaje Carstens, tiene una trayectoria académica e institucional impresionante en México y en otros países y no cualquiera puede decir que una institución financiera internacional le tiene preparada una oficina de primer mundo, para cuando  decida dejar de “prestar sus servicios” al sistema financiero nacional y a la economía mexicana.
Resulta que la cabeza de una institución, el banco central, es la persona encargada de cuidar la estabilidad y fortaleza del peso mexicano, en un contexto global que se asemeja más a un tanque de tiburones hambrientos, que a un escenario de cooperación y prácticas generosas en los negocios.
Y  ya en el terreno doméstico, la misión del banco central, como cualquier banco central del mundo, es minimizar la inflación, bajar las tasas de interés activas (la que te cobran los bancos) y aumentar las pasivas (las que te pagan los bancos por tus ahorros) y en general tomar decisiones y acciones que conduzcan al crecimiento económico y a la reactivación de las actividades productivas y servicios.

La imagen de abundancia, sobrepeso y satisfacción que sobresale en la personalidad de la máxima autoridad monetaria y financiera de un país, como el nuestro, que con más de la mitad de la población total que no alcanza a satisfacer sus necesidades mínimas de alimentación, vestido, vivienda, educación y transporte, arroja un insulto a la cara de quienes podrían contar con una canasta básica de satisfactores para todo el año, con lo que este señor seguramente gasta en una sentada normal en un restaurante estándar.

El caso es que en una ocasión me preguntaron cuál era mi hipótesis sobre la gordura del aquel entonces secretario de Hacienda del segundo presidente panista en México, y no se me ocurrió algo mejor que  tal  vez se debía a una incorrecta aplicación del dicho popular que dice: desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo. Sí, me dijeron, eso ya lo sabemos, pero ¿cómo aplica con don Agustín ésta máxima ya que él sigue gordo, gordísimo? Muy fácil contesté: El señor se acostumbró a desayunar como rey, a lonchar como príncipe y cenar como méndigo. El individuo en observación le puso un acento a la última palabra y eso explica su gordura. No es lo mismo comer como mendigo a yantar como méndigo.  Panza llena, corazón contento. Nos vemos en el desayuno, en la comida y en la cena, doctor. ¡Provechito!

miércoles, 29 de marzo de 2017

Crónica Profética: Innovación y sustentabilidad en Sonora, si no es con Chana será con Juana



Por Edgar Piña Ortiz

Representando al Centro de Salud y  Ambiente Global de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, ha visitado Hermosillo,  el doctor Ramón Sánchez Piña, como expositor sobre temas de innovación, competitividad y sustentabilidad. 

En un esfuerzo conjunto de la Secretaría de Economía del Gobierno del Estado y la Universidad de Sonora, los días 27, 28 y 29 de marzo de 2017, en el Centro de las Artes de la Universidad de Sonora, este distinguido experto mexicano, se ha reunido con decenas de investigadores universitarios de Sonora, ciudadanos, organizaciones civiles y empresarios, en un esfuerzo de identificar y sondear la situación prevaleciente en el estado en torno a los temas de la vinculación academia-empresa, investigación pertinente y publicaciones científicas en revistas de alto impacto.

Ante un auditorio interesado, participativo y conocedor de las realidades locales, Ramón Sánchez, graduado en ingeniería mecánica en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) y doctor en ciencias de la propia Universidad de Harvard, estructuró a lo largo de una jornada inicial del Programa para el Fortalecimiento del Ecosistema de Innovación Sonorense, un mensaje de optimismo en el futuro, emprendimientos venturosos y transformación paulatina de los problemas y obstáculos del desarrollo local en retos y oportunidades, en un mundo cada vez más abierto y competitivo.

Ramón Sánchez Piña, es profesional certificado en sustentabilidad, energías renovables, cambio climático y técnicas sostenibles de manufactura e innovación tecnológica, entre otras especialidades. Su mensaje, su argumentación, su entusiasmo, por lo mismo, se enfoca en aprovechar los potenciales visibles e invisibles de la economía sonorense, utilizando la herramienta metodológica de construir y desarrollar un Ecosistema de Innovación, en el que participen los empresarios, los funcionarios públicos, los investigadores y académicos y la sociedad civil.

El profesor de Harvard y Tecnológico de Monterrey, quien tiene quince registros de invenciones y cinco patentes registradas en USA y Europa y una sólida experiencia profesional en la industria automotriz, piensa que no existen obstáculos legales, tecnológicos, financieros, fiscales, culturales y hasta políticos, que no puedan ser removidos si se cuenta con la razón, la ciencia, las técnicas y la decisión de avanzar. 

En un dialogo ameno, ágil,  preciso pero relajado, el investigador asociado de Harvard, llevó sus presentaciones del lunes 27 de marzo, del dato duro a la reflexión persuasiva, de la indagación del obstáculo a la propuesta de solución, ante  un auditorio integrado por investigadores y académicos involucrados en el estudio de diversas problemáticas locales y regionales, que muchas veces aceptaba sus mensajes con entusiasmo y aprobación y otras con reservas o incredulidad.

El  ecosistema de innovación en Sonora, de acuerdo a este experto, funcionaría en la misma forma que los sistemas biológicos de la naturaleza, de forma que el conjunto de sus integrantes se desarrollan y evolucionan en el caldo de cultivo del medio físico y son capaces de generar su propia sustentabilidad. El papel de los actores involucrados es esencial y de éstos son las universidades y centros de investigación, los llamados a desempeñar un rol estratégico en términos de la vinculación academia-empresa, investigación básica y aplicada y la divulgación de las tecnologías y el conocimiento que la sociedad requiere para avanzar en la innovación y el desarrollo económico sustentable.

Con conocimientos y experiencias de primera mano, sucedidas en el área Boston-Cambridge, Massachusetts,  pero con referencias frecuentes a Silicon Valley y otros centros de conocimiento, este abogado de la innovación y el emprenderurismo, habla de inversionistas ángel, inversiones de capital de riesgo, empresas mixtas, planes de negocios, incubadoras y aceleradoras de empresas, inventos y patentes, donaciones y convenios de confidencialidad y otros temas novedosos, todo enfocado a los potenciales del territorio sonorense en materia de energías renovables y uso racional del agua; tecnologías sustentables para la agricultura, la minería y la pesca; cadenas de valor e integración de manufacturas domésticas a las industrias maquiladoras presentes en la región.

En la ya larga carrera profesional, pequeño-empresarial y académica del cronista, los temas de la innovación, la competitividad, la integración económica y el desarrollo sustentable, han estado presentes constantemente, pero sólo en esta ocasión, ha encontrado una propuesta completa, sensata, científica, coherente y viable, sin subestimar la sorprendente fuerza de las leyes, instituciones, cultura, mitos e ideologías que se oponen al cambio y la evolución de la economía sonorense.

Seguramente cada uno de los investigadores y académicos presentes  ese 27 de marzo de 2017 en el Centro de las Artes de la Universidad de Sonora, tiene sus propias opiniones, reflexiones y expectativas en torno a los temas tratados y en algún momento se habrán de expresar en los eventos previstos para una duración de 12 meses que habrá de tener el programa de fortalecimiento del ecosistema de innovación sonorense. 

Muchas veces durante la exposición del doctor Ramón Sánchez Piña, el cronista percibió los destellos de mensajes que van más allá de la audiencia presencial y en línea y se transforman en perspectiva para el futuro, en cambios de paradigma, en noticias adelantadas, en palabras proféticas. Este hombre, piensa que si los  capitales de inversión necesarios para la innovación y la competitividad, no provienen de financieros locales, otras opciones foráneas podrán hacer acto de presencia. 

Las economías y las sociedades están sometidas al cambio continuo y si el esfuerzo no es endógeno, es decir de investigadores, funcionarios públicos y empresarios e inversionistas locales,  otras fuerzas ocuparán su lugar. Por ello la conclusión, es que la vinculación empresa-universidad, la investigación científica pertinente y el desarrollo que deberán suscitar, deben venir de Juana (los locales), porque si no vendrán de Chana (los foráneos).

jueves, 23 de marzo de 2017

La parasitosis del ISSSTESON

Por
 Edgar Piña Ortiz


La pésima calidad en el servicio de farmacia y medicamentos, que en  otras épocas constituyó una severa crisis de salud para el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado de Sonora  (ISSSTESON), desde que inició la administración de Claudia Artemisa Pavlovich (2015-2021), las crisis se han convertido en endemia, es decir que el padecimiento se ha mantenido durante un periodo de tiempo prolongado y, según la sintomatología visible, no hay expectativas de mejoramiento.

Ni hablar de los servicios de hospitalización, cirugías, endoscopías, odontología, maternidades y urgencias, por mencionar algunas, de las cuales no podemos opinar, porque afortunadamente no hemos tenido necesidad de utilizarlos, pero de que no son de primera, ni de segunda y ni tal vez de tercera categoría, de eso sí podemos estar seguros.

Muchas veces he hecho mis propios cálculos de los descuentos quincenales al salario, que a nombre de ISSSTESON opera mi centro de trabajo, y estoy en condiciones de demostrar a quien se pudiera  interesar, que con mis aportaciones podría pagar cómodamente una visita médica mensual y una dotación de medicamentos idóneos para el cuadro de diagnosis repetitivo, en cualquier otra institución privada, por más cara que sea su fama.

No, no soy caso único. El perfil de trabajador derechohabiente afiliado a este Instituto de salud, se multiplica por miles en el aparato de la administración estatal, y las sumas de sus aportaciones, créamelo, no son unos cuantos miles de pesos, sino cantidades enormes que son succionados por un organismo enfermo, obeso, anquilosado y que no logra cumplir con su función, precisamente porque está invadido de parásitos, algunos azules, otros rojos, otros miméticos, pero todos muy eficientes para succionar los recursos que provienen del trabajo de los afiliados.

Pongo aparte a muchos empleados de oficina, trabajadores manuales, médicos, enfermeras, técnicos, especialistas, a quienes, les suda el uniforme para atender a tanto derechohabiente, trabajadores, proveedores, jubilados, arancelados, etc. Ellos no pueden ser considerados como nocivos porque su trabajo los defiende, y como en todo cuerpo humano, son la parte buena, productiva, vigorizante, que sostiene con su esfuerzo el funcionamiento del organismo.

Pero ahí están los parásitos, los succionadores del recurso ajeno, del trabajo de otros. Ahí están estos anquilostomas,  gusanos que empezaron su ciclo vital fuera del organismo y llegaron a él por medio de un compadrazgo, gratificación por trabajo partidario, parentesco con alguien de allá arribita, o por simple golpe de suerte del destino.

Cada vez que un paciente sale entusiasmado de la consulta médica con un juego de recetas y se estrella con la insensibilidad del empleado de farmacia, que lo único que hace es convertirlas en vales con vencimientos perentorios, el derechohabiente enfrenta la fachada grotesca de la corrupción, de la enfermedad parasitaria que tiene invadida al organismo desde tiempo inmemorial.

En cada esfuerzo, en cada viaje, en cada entrada a las farmacias propias o subrogadas del ISSSTESON, que el afiliado hace para conseguir el medicamento o material de curación que requiere para mejorar su salud y por el cual ya pagó por adelantado, recibe el tufo de la enfermedad que provocan los trematodos platelmintos, que se disputan los contratos de proveeduría al organismo, pero que luego no cumplen porque el Instituto “no les paga”.

Además del infalible descuento quincenal, que incluye una buena cantidad para infraestructura hospitalaria, por cierto, el trabajador afiliado debe de encarar los gastos de traslado, riesgos de tránsito, ausencia de estacionamiento,  tiempo de espera, filas y caras de palo, rostros de “hazle como quieras” del empleado, para terminar en una farmacia no afiliada, comprando el medicamento que luego resulta que tiene un precio de treinta pesos la caja con 14.

La parasitosis aguda del ISSSTESON es permanente, perniciosa y contraproducente para los propósitos de una administración pública estatal que a casi tres años de oportunidades de sanear al organismo, no le queda margen para culpar a los parásitos del sexenio anterior, sean de los muy poquitos encarcelados o de los muchos que andan sueltos huyendo o pegados a una ubre con fuero, perfume y gastos pagados, como la anterior directora del Instituto.

Las entamoebas histolyticas que tienen enfermo al ISSSTESON se encuentran a sus anchas en todos sus establecimientos y no son visibles los esfuerzos de quienes serían indicados para sanear la institución. Ni la ejecutiva estatal, ni los encargados del sector salud, tampoco los sindicatos –uf los irreprochables, impolutos, transparentes sindicatos-; ni los organismos defensores de los niños, los jóvenes, los adultos y las mujeres, y mucho menos  los propios trabajadores explotados quincenalmente. Total, los derechohabientes del ISSSTESON somos orgullosamente sonorenses y no se nos da, pelear por los derechos, aun cuando se trate de uno de los más básicos: la salud.

Por lo mismo, está bien pasear el bonche de vales por todas las farmacias o pagar por los medicamentos de tu debilitado ingreso quincenal. Dicen que no hay que moverse porque te pueden hacer cirugía laboral de cuello. Más vale quedarse quietecitos. ¿Usted lector qué piensa?