domingo, 4 de diciembre de 2022

 

El Espejo Humeante

Por Edgar Piña Ortiz

                                                                     

             “La ceremonia en honor del dios Tezcatlipoca, entre los aztecas, era impresionante dramática, cubierta con el sentimiento conmovedor con que vemos la supresión deliberada de una vida.

           Un año antes de su sacrificio se seleccionaba al prisionero de guerra más hermoso, sano y valiente. Los sacerdotes del gran teocalli o Templo Mayor-- la casa de Quetzalcoátl, Huitzilopochtli y Tezcatlipoca --, se encargaban de enseñar al joven guerrero los modales y comportamiento que debía tener Tezcatlipoca, El Espejo Humeante. Una vez educado el escogido se paseaba por las calles y calzadas de la Gran Tenochtitlan, tocando la flauta y recibiendo los homenajes que se merecía el dios principal de los antiguos mexicanos.

           Un mes antes del día del sacrificio, cuatro doncellas encantadoras, ataviadas como diosas, se convertían en sus compañeras y lo complacían en todos sus deseos. El día de su muerte se despedía de sus consortes, para encabezar una procesión en su honor que se distinguía por el júbilo y los festines. Después decía el último adiós al brillante cortejo y entraba al templo acompañado de los sacerdotes que se habían encargado de él durante todo el año.

 En lo alto de la plataforma los sacerdotes lo tendían en la piedra de los sacrificios, le arrancaban el corazón y se lo ofrecían al dios que él, El Joven Divino, había encarnado durante el año solar azteca” (George C. Vaillant)

    Técpatl, El Cuchillo de Pedernal, había encontrado al fin la verdadera felicidad de representar al dios Tezcatlipoca, al ser seleccionado para el papel de El Joven Divino aquel año.

    Al principio, la sola idea de que iba a ser sacrificado le causaba un terror como nunca lo sintió en la propia guerra, ni aun cuando fue capturado por los guerreros tenochcas, en la última batalla en la que participó. Pero con el paso de los días, cuando entendió el tratamiento de dios que toda la gente le daba, pensó que valía pagar con la vida todos aquellos homenajes y atenciones. De no ser fuerte y de buena figura, tal vez ya hubiera sido sacrificado, sin mayor decoro, en cualquiera de los múltiples sacrificios que los aztecas ofrecen a sus no pocos dioses en todas las épocas del año. Ahora que se le otorgaban los atributos del Dios Principal, estaba en libertad de cumplir los anhelos de su corazón y de dar rienda suelta a los impulsos de su juventud.

    Estaba alojado en las espléndidas habitaciones del Palacio Imperial de Moctezuma I, Gran Tloatani o Señor de los aztecas, donde era tratado con el mismo respeto y reverencia, y servido con igual lujo y derroche como si se tratara del  propio monarca. Estaba en condiciones de hacer lo que su voluntad dictara, no se le exigía nada, excepto escoger sus goces y pasatiempos de modo que fueran dignos del dios que representaba y que no estropeasen de modo alguno la belleza, perfección y fortaleza de su cuerpo, el cual iba a ser la ofrenda suprema al dios Espejo Humeante, al inicio de la temporada de lluvias.

     Durante sus veintidós años de vida, el joven guerrero no había tomado conciencia de sus sentimientos y de su sensualidad, debido a su entrega total al estudio y la preparación para la guerra y después a la guerra misma, en las incursiones de conquista o de defensa en las que tomaba parte al servicio  de los señores tlaxcaltecas, vecinos y enemigos de los aztecas. Sin embargo, desde que supo que los últimos veinte días de su corta existencia estarían dedicados a la compañía de cuatro hermosas doncellas, empezó a crecer dentro de su ser una como impaciencia, un calor interno, un apetito que nunca antes había sentido.

       Cuando llegó al fin el primer día del mes tan esperado por los aztecas, Toxcatl, más o menos correspondiente a  Mayo, el comienzo de la temporada de  lluvias, entró muy temprano en sus habitaciones con solemne paso el sumo sacerdote del culto a Tezcatlipoca. Ya en el Teocalli, la Casa de los Dioses, los sacerdotes bañaron al joven guerrero, quitando toda la pintura que le cubría el cuerpo y le cortaron el pelo, que hasta entonces había llevado largo como de mujer, peinándoselo ahora hacia arriba como de guerrero azteca, atado  con una cinta de oro y plumería, de donde colgaban dos borlas también de oro a un lado y otro de la cara.

    Ya vestido y ataviado al nuevo modo, Técpatl, El Cuchillo de Pedernal, fue dejado sólo un buen rato, lo cual aprovechó para pensar en la dicha inmensa que seguro estaba habría de sentir en la compañía de cuatro jóvenes doncellas que también habían sido preparadas para unirse al seleccionado, precisamente el mes anterior a su sacrificio.

    Aquella promesa, aquella expectación que la imaginación le ponía ante la percepción de sus sentidos y le entibiaba la sangre y la piel  toda de su cuerpo, le hacía experimentar un extraño pero confortable vigor que se le manifestaba en el nacimiento de su virilidad; era como sentir en el centro de su ser un pozo que poco a poco se llenaba de energía vital.

   Al término de aquel rato dedicado al pensamiento de los que le esperaba, volvió el sumo sacerdote acompañado de las cuatro doncellas, quienes eran singularmente hermosas y sin el menor defecto físico, tal como establecía la tradición y el ritual escrito en los códices. El sacerdote las presentó a Técpatl no con sus nombres de familia, sino como estaba prescrito, con el nombre de las cuatro diosas que al propósito encarnaban: Xochiquetzatl, Xilonen, Huixtocihuatl y Cihuacoátl.

    Una como embriaguez le inundó el alma y un estremecimiento le recorrió el cuerpo. Había descubierto apenas en unos cuantos días una fuerte necesidad de compañía y ternura femeninas. Estaba ahora a punto de iniciar el encauzamiento de aquellos deseos, que le venían del instinto y que habían despertado en lo más hondo de su ser. Una fuerte sensación de alegría experimentó en su corazón al observar la  radiante belleza de las muchachas que estaban frente a él. Unas gotas de humedad tibia se habían adelantado fuera de la cárcel de su cuerpo, al inhalar el delicioso aroma de aquellas cuatro flores humanas que la vida le obsequiaba, como último regalo a él, que pronto iba a morir.

    Se sonrió y las miró una a una, mientras ellas le observaban ahora sí de cerca, después de haberlo visto tantas veces de lejos al frente del cortejo divino. Ellas se sabían destinadas a él y también sonrieron, sintiendo en sus adentros cada una  distintas sensaciones que le provocaba su temperamento. Técpatl se aproximó y las beso en la boca, según indicaba el ritual, tocándoles las palmas de las manos y así pudo percatarse que el sacerdote que les había preparado y les había impuesto aquellos nombres, había tenido en cuanta sus maneras de ser y de reaccionar. Ellas encarnaban a las diosas de los cuatro elementos de la naturaleza: Huixtocihuatl tenía las manos húmedas y frías, era El Agua; Cihuacoátl, húmedas y calientes, era La Tierra; Xochiquetzatl, secas y calientes, representaba El Fuego y Xilonen, secas y frías, como El Aire.

    Un oculto conocimiento afloró para decirle que su experiencia de amor debía de empezar por El Agua, para seguir con La Tierra y luego El Fuego para terminar por El Aire, pues así pensó que estaba constituido el orden ascendente de la felicidad. Así por eso, dio un beso a Huixtocihuatl, dos a Cihuacoátl, tres a Xochiquetzatl y cuatro a Xilonen, indicando con ello que serían sus compañeras la primera, la segunda, la tercera y la cuarta noche de cada uno de los cinco grupos del último mes azteca de su vida.

    Huixtocihuatl, la bella adolescente que representaba a la diosa del Agua y del libertinaje, vino a su lecho aquella misma noche, Ella era alta, delgada y sinuosa, como el líquido. Sin decir “agua va”, sin esperar a que El Escogido tomara la iniciativa en el encuentro, en cuanto se vio a solas lo abrazó y se enlazó con él, enroscando su grácil cuerpo desnudo en torno al de aquel, como ávida serpiente sedienta  de amor.

    El Cuchillo de Pedernal se sintió preso afortunado de un reptil lascivo y fragante y cerrando los ojos se dejó devorar por el deseo de aquella diosa que absorbía insaciablemente el líquido del amor. El vigoroso Técpatl se dejaba deslizar en una corriente cálida que lo transportaba flotando en el mayor placer que jamás sintiera. “Así, se decía él, acostado de espaldas mientras la mujer recorría con fruición el cuerpo del guerrero, así debe ser el amor en las profundidades de los palacios del esplendor de jade, en las espaciosas salas verdes de la diosa de las aguas, donde las serpientes líquidas se enroscan unas en torno de las otras y se fecundan entre sí con las simientes primeras de la vida”. 

    Pero Técpatl, no obstante la fascinación de la primera vez y del placer inmenso de sentirse devorado por el perfumado aliento de la diosa, sentía cierta desilusión. La explosión final de su entrega en el esbelto cuerpo de la doncella, no fue goce suficiente para compensarle de la sensación de siendo hombre, ser poseído. Sintiendo, disfrutando aún, de los abrazos húmedos y tenaces que lo ligaban y en medio de la posesión líquida de Huixtocihuatl, anhelaba recobrar la libertad.

    Continuó la insaciable diosa joven el resto de aquella noche, disfrutando del manantial de Técpatl, hasta que a los primeros albores de la mañana vio éste con satisfacción que su compañera se levantaba y salía de la estancia con aquel andar sinuoso y como sin huesos. Estaba fatigado y con sueño. Se quedó dormido y soñó que se deslizaba por un infinito lago de dulzura, de paz y regocijo. Al medio día despertó y se bañó recordando haber nadado en las aguas límpidas del amor primero. Se vistió y se fue a reunir con su primera mujer y sus tres doncellas. 

    La comida fue servida con tanto lujo y ceremonia como la del Emperador mismo. Flores, frutas, finas mantas de color y  oro, música y cantos, los manjares más preciados y un aromático acayetl, cigarro de tabaco, al final del banquete para El Joven Divino.

    Mientras Huixtocíhuatl estaba silenciosa y ensimismada, tal vez disfrutando aún en sus adentros la recién pasada noche de amor, las tres doncellas estaban de humor alegre y hablantinas. Por la tarde fueron los cinco a dar un paseo por la laguna en una de las canoas imperiales, tallada y decorada en oro y cubierta con un toldo de algodón blanco y bordado de labor de plumas verdes y rojas. Al tiempo que el prisionero tlaxcalteca  se imaginaba  navegar con la diosa del Agua por la laguna de Tenochtitlan, las otras tres se afanaban por esparcir su perfume y su alegría en el espacio inmediato de El Escogido. 

    Después del paseo, el guerrero ofrecido a Tezcatlipoca se retiró para descansar y meditar y cuando llegó la hora del lecho, se presentó Cihuacoátl, la joven representación de la diosa de la Tierra. Ella era morena y de exuberantes redondeces, con mejillas sonrosadas y grandes ojos negros. Tenía los hombros anchos y potentes y las caderas vigorosas y amplias, que subían en una curva pronunciada hasta una cintura estrecha por atrás y a un vientre musculoso y palpitante por delante. Sus pechos redondos, firmes y grandes; los labios rojos y llenos. Su monte de venus estaba cubierto por una espesa mata de cabellos oscuros que escondían una profunda hendidura de fertilidad.

    Cihuacoátl era poco hábil de movimientos y parecía desconcertada y sin saber qué hacer. Técpatl le había tumbado el huipil y ella se dejaba, demasiado tímida para expresar su deseo; demasiado discreta para evidenciar el estremecimiento que sentía en lo más hondo de su ser, al contacto agradable de las manos del guerrero. La diosa de la Tierra permitía ser acariciada, ser olida, recorrida repetidamente, exhalando un aliento dulce, húmedo y excitante que el joven aspiraba. La mujer dejaba manar de lo más profundo de su cuerpo un humor, una savia embriagadora que el dios Espejo Humeante aceptaba y paladeaba con un apetito propio de la más voraz de las divinidades aztecas.

    Técpatl, El Cuchillo de Pedernal, penetraba una y otra vez, arando una fertilidad de amor, que provocaba el temblor telúrico, el orgasmo vital de la diosa Madre Tierra, y la inundaba con la simiente de la creación eterna. El dios se desbordaba y se fundía en el abrazo divino del amor y la multiplicación. La diosa Tierra, respondía con sus olorosos frutos de aliento cálido y manantial de vida, a la posesión del hombre por voluntad del dios Tezcatlipoca, la adoración principal en la teología azteca.

     "Que contraste con Huixtocihuatl”, pensaba el Joven Divino. Cihuacoátl era pasiva, aunque bien dispuesta y complaciente y él tenía que hacerlo todo. Su cuerpo robusto, duro y aromático le levantaba el deseo y no se cansaba de tocarla, de acariciar sus piernas, sus brazos, las montañas de sus pechos, la loma de su vientre; toda ella tan rica de forma y de sustancia, que respondía con un vigor muy propio, nacido de la masa del músculo y de la preciosa arquitectura oculta de sus huesos, a la presión  apasionada de las manos y a los piquetes de la lanza de amor del dios guerrero.

     Una mujer completa en verdad. La gozó, la paladio, la penetró con fuerza y la volvió a tener varias veces. Era ella una delicia honda y bastante para sus sentidos, que le florecía en gratitud hacia aquella quieta, bondadosa y tierna doncella que se ofrecía en su naturaleza terrenal y a la vez  divina. 

    Tecpatl se durmió. Soñó que caminaba por una voluptuosidad de colinas, entre bosques floridos, arroyos cristalinos de dulzura y desafiantes montañas que se dejaban conquistar por la agilidad del joven. Al verla alejarse con lentitud y quizá con respeto, al llegar la mañana, sintió que se fuera y contempló con atención y ternura su andar, la acción rítmica y pesada de su espalda morena, bien esculpida en volúmenes redondos, que alzaban ya una cadera ya otra en potente alternancia. 

    Al quedarse solo El Cuchillo de Pedernal, contra lo que suponía después de una noche de pleno disfrute, se sintió ligero y descansado, con una sensación de satisfacción que le nacía en el oculto centro de su sensualidad recientemente utilizada. Se levantó temprano y pasó el día de buen humor entre las dos alegres y decidoras vírgenes y las otras dos muchachas ensimismadas, acariciando con alegría y cariño a todas ellas.

     A la tercera noche le tocó su turno a Xochiquetzatl, La Flor Emplumada, la diosa de las flores, la belleza y el amor. Ella era delgada y en el momento en que de súbito dejó caer el huipil, le pareció a Técpatl que en su cuerpo se parecía a Huixtocihuatl, la diosa del Agua, también como sin huesos, sólo que ésta era más pequeña y consistente, de pechos pequeños y firmes y de una exquisita redondez en las caderas y en las nalgas que terminaba en una cintura estrecha. Su piel era de un moreno cobrizo que emitía destellos rojizos al contacto con los rayos de la luna de Anahuac, que se metían por la ventana del Palacio de Moctezuma.

    Al tocarle la brillante cabellera, El Joven Divino tuvo la impresión de que percibía no tanto la extraordinaria belleza de la doncella, sino una especie de vibración, un estremecimiento que le recorría el cuerpo, haciéndolo siempre vivo y tenso. Al tomar cierta distancia por un momento para apreciar su belleza, casi estuvo seguro de haber admirado en la mujer un algo como esfera de calor y luminosidad en torno a ella. Se apoderó de él entonces, un repentino y violento deseo y cuando la tuvo en sus brazos halló que tenía la piel tersa y ardiente, que sus miembros se estremecían como con fiebre y que su aliento era cálido y perfumado como los vientos del sur. 

    Al posar sus labios sobre aquella boca roja, se dio cuenta que ya no habría de buscar la posesión apresurada, que la unión ya era total  aun sin penetrar a la joven y que la sensación era como si él se hubiera introducido a una esfera de fuerte y arropadora luz solar. No eran dos seres entrelazados en abrazo amoroso, sino que ahora ambos eran uno; un único ser ardiendo en un fuego común. ¿Buena respuesta? No, no era eso lo que sucedía, porque ya no era posible distinguir entre una persona y otra y su goce era una larga unión en que ambos se fundían y el uno se encontraba con el otro. ¡Oh, qué noche! ¡Aquello era lo que jamas había imaginado! ...y sin embargo estaba seguro de estarlo viviendo. Cuando Técpatl estuvo a punto para la entrega, buscó la mirada tibia de Xochiquetzatl y encontró una chispa de lumbre que lo envolvió. Ella era diosa del Fuego que lo consumía por voluntad divina y él era el dios Espejo Humeante, el volcán de amor que expulsaba lava candente que cubría por completo a la diosa Flor de Plumas Rojas.

    En el largo instante de la recuperación después del clímax, al prisionero seleccionado se le reveló la idea de que aquello era la clase de vida, tras de la cual sólo la muerte podía tener sentido. En sus ratos de sueño, El Cuchillo de Pedernal, veía un gran volcán que exigía sacrificios de doncellas, vírgenes de cobre, como aquella joven que ahora era su mujer. El guerrero tlaxcalteca soñaba y pensaba en su próximo goce, sacrificio, unión, y se levantaba ávido de más felicidad, en conciencia plena de que al mirar, al tocar aquel hermoso cuerpo se llenaba de energía, lava, que estaba dispuesto a dejar salir sin contención.

    Arribó la aurora sobre el lago de la Gran Tenochtitlan y la joven se fue corriendo y lanzando besos mientras él seguía en cama cansado y feliz, gozando todavía al sol de aquel amor. Durante todo ese día, el prisionero escogido mostró un humor más grave que de costumbre. Transcurrió el tiempo de paseo en la laguna, el cual se prolongó hasta el bosque de Chapultepequetl, con su alegre y encantadora Xilonen y las tres hembras ensimismadas en su reciente experiencia de amor. Cuando el sol se puso en la ribera poniente del lago, Técpatl experimentaba una secreta impaciencia que le roía el alma: ¿Qué puede darme Xilonen que las divinas diosas del Agua, la Tierra y el Fuego no me hayan ofrecido ya?

    La cuarta noche, apenas apareciendo las estrellas, llegó Xilonen, la joven diosa de los Vientos, Madre del Maíz y los Elotes Tiernos. Ella era esbelta y grácil, no muy alta, y tenía el cabello sedoso y de tonalidades de oro obscuro. Poseía un cuerpo elegante y fino, perfecto en todas sus formas y tan delicadamente modelado que cada línea parecía recrearse en entregar su perfil a la siguiente, con las curvas más perfectas que Técpatl jamás imaginó existieran. Xilonen tenía los ojos transparentes y llenos de sonrisa y con ellos acariciaba con un mirar recto y profundo, lo cual él observó desde el principio. En torno a ella parecía soplar una brisa suave y envolvente que lo emocionaba y excitaba sus sentidos.

     La diosa del Aire y del Maíz  se arrodilló al lado del lecho donde ya estaba acostado el guerrero y le miró en los ojos con una sonrisa tranquila y plácida, que tornaba radiante el óvalo hermoso de su rostro. Se incorporó Técpatl, apoyándose en un codo para acercársele, atraído por la misteriosa fuerza magnética de sus pupilas; había deseo en su cuerpo, pero era un impulso absolutamente controlable. Había un vigor en su interior y una impaciencia en su corazón, pero ambas se sometían a una especie de electricidad que exhalaban la piel y el aliento de la doncella. El Cuchillo de Pedernal anhelaba poseer aquel fruto de la vida y al recorrer con ternura las exquisitas formas  de la diosa, sentía un ansia sosegada por absorberla, respirarla, poseerla. Pero había algo dulce, sublime e infinitamente suave que le atraía cada vez más y más, permitiendo posponer la intromisión del pedernal en el fruto tierno de la virgen.

    El Escogido terminó por sentarse sobre el lecho, frente a ella, y ambos, sin dejar un instante de mirarse, vivieron una eternidad en unos segundos, fundiendo una mirada en la otra, en unión tan perfecta, tan pura, tan limpia, que cuando más tarde, cuando sus cuerpos reclamaron su parte en el disfrute y se dieron uno al otro, se quedaron acostados de espalda, con la mano en la mano, llorando lágrimas de júbilo y de satisfacción.

     Cuando el sueño selló los párpados de Técpatl, vio a la diosa Xilonen como soplo de viento, como pluma ligera y volátil, flotando en el aire fresco de la mañana en el lago. Él era, por su parte, como un fantasma, como un ser invisible del espacio, que se transportaba a voluntad y en placidez en el fluido suave de la diosa Transparente. Al final del sueño se vio esparcido por el Valle de Anahuac, como polvo liviano, inundando todos los lugares.

    Acostado sobre la piedra de los sacrificios, en la última plataforma del Templo Mayor, yace el Joven Escogido, ataviado con oro, plumas y suaves ropas de algodón. El sacerdote principal del dios Espejo Humeante, alza el delgado, largo y nervudo brazo, empuñando un cuchillo de obsidiana que deja caer sobre el descubierto pecho del prisionero en un hábil movimiento, arrancando el corazón del sacrificado y ofeciéndolo todavía palpitante y sangrante al Dios Solar, Tezcatlipoca.

    Aun con una gran luminosidad del día, una fresca lluvia empezó a caer sobre la Gran Tenochtitlan...

 


 

lunes, 18 de julio de 2022

Crónica del valle envenenado

   Por Edgar Piña Ortiz

Por allá en los lejanos años de mi infancia, como parte de un paseo a una playa del sur de Sonora,  viví una experiencia de esas que el tiempo no logra borrar. Al final de la cosecha de algodón en un campo agrícola  en las inmediaciones de El Baburo, municipio de Huatabampo, el agricultor invitó a la los pizcadores de la blanca fibra, a un día de pesca en las playas y esteros cercanos a El Pozo Dulce, al sur de El Siaric.

Alrededor de 40 paisanos –trabajadores de Guerrero y Oaxaca, principalmente--  encaramados en una batanga jalada por un tractor, partimos felices de no trabajar ese día y más felices ante la expectativa de comer pescado fresco, en un caluroso día de agosto en el Valle del Mayo

El peculiar transporte, era conducido por El Pipizque, un individuo menor a treinta años, parlante fluido del idioma Mayo y cuyo aspecto mostraba sin lugar a dudas a un sujeto estándar de la región, pero de un color de piel rojizo y un bigote ralo de cabellos amarillos. El extrovertido y amistoso Pipizque, resultó también ser el pescador titular del viaje y todavía no se terminaban de bajar de la batanga los paisanos, cuando él ya estaba preparando una tarraya de respetables dimensiones.

Serían alrededor de las 10 de la mañana cuando el héroe de la película tiró su primer lance, en una playa que a la luz intensa del verano sonorense, resplandecía esplendorosa, mostrando enormes manchones de agua inquieta, efervescente, burbujeante, al aletear de miles de peses seguramente disputándose los nutrientes que el cambio de mareas solía arrastrar a las aguas costeras del Golfo de California.

No fueron muchos los lances que el tractorista-pescador de El Baburo, tuvo que hacer para arrimar a la playa docenas y docenas de unas lizas enormes todavía moviéndose desesperadamente al sentirse fuera de su ambiente. En una enorme fogata, los invitados asamos las enormes y apetitosas lizas, las cuales eran tatemadas enteras y al lograr el cocimiento apropiado eran abiertas  para extraer lo no comestible y aderezar el resto con sal, limón, salsa y las benditas tortillas.

La abundancia de especies de mariscos, moluscos, peces,  aves y mamíferos, era un dato conocido y tal vez no apreciado en aquellos días, como lo demuestra la precariedad de las colonias observables y capturables en la actualidad. Este  5 de Junio, Día Mundial del Medio Ambiente, establecido por la Organización de las Naciones Unidas para fomentar el cuidado del ambiente, me vino a la mente aquel paisaje virgen, prístino de la costa sur de Sonora en la segunda mitad del siglo pasado.

Un recorrido real o virtual,  por las costas de Sonora, nos muestra un paisaje substancialmente modificado. Donde antes había esteros, lagunas, manglares, dunas y canales naturales, ahora hay caminos, estanques, cercas, muros, construcciones acabadas y en proceso y por supuesto la presencia humana, con deshechos, basura, ruidos y una ceguera total a los daños que la naturaleza ha recibido, recibe y recibirá por muchos años.

Los ecosistemas de la franja costera, que por décadas han recibido toneladas y toneladas de desechos humanos, incluyendo aguas negras y agroquímicos de todo tipo con altos niveles de toxicidad, en los recientes años han recibido el embate despiadado de granjas acuícolas, las cuales, con estudios o sin estudios de impacto ambiental, han modificado radicalmente los ecosistemas trayendo como consecuencia la devastación del hábitat de las especies residentes y migratorias y en muchos casos la extinción de flora y fauna terrestre y marítima.

A la destrucción explícita que trajo la colonización agrícola de los valles de Sonora, y  toda su cauda de agresiones, maltratos y aniquilamientos durante el pasado siglo, se agregó el ecocidio de los deshechos y residuos de una agricultura extensiva, altamente demandante de fertilizantes, pesticidas y de la escasa agua del desierto.

El aferramiento de los agricultores y el gobierno que los apoya, a un modelo de producción cerealera  que se caracteriza por su absoluta  falta de competitividad en los mercados nacionales y mundiales, resulta ser también francamente depredador del recurso natural y necesariamente demandante de cuantioso subsidios de origen fiscal, que finalmente benefician a un reducido sector de los habitantes del estado.

La  agricultura extensiva sonorense, herencia intocable del siglo pasado, con su alrededor de 500 mil hectáreas de cultivo, principalmente trigo, no tiene las ventajas comparativas ni competitivas, que le permitan prosperar sin los llamados apoyos, subsidios constantes y sonantes, frente a productores mundiales de primer mundo, que son naturalmente Estados Unidos y Canadá.

Las condiciones naturales ventajosas en las que se desarrolla la agricultura cerealera de Norteamérica, -- el medio oeste estadounidense y la gran pradera canadiense--, le permite a esa industria agrícola producir trigos de calidad a costos realmente bajos, que posibilitan precios al 50% de los precios nacionales  y regionales. Esa es la razón por la cual la agricultura cerealera de Sonora a un siglo de su implantación en el desierto sonorense, está destinada a abandonarse para dar lugar a una agricultura sustentable, basada en especies propias de zonas áridas, con climas extremos y escases marcada de agua, complementada con cultivos en ambientes controlados, donde la utilización del vital líquido no sea predatorio y el uso de insecticidas, fertilizantes, fungicidas y herbicidas se reduzca al mínimo y en forma vigilada.

Agricultura, acuacultura, ganadería, urbanización y la pesca costera y de altura, están teniendo un impacto catastrófico en el medio ambiente sonorense y no parece haber presencia de grupos u organizaciones que levanten la mano y muevan un dedo para detener el ecocidio.

Las formas de vida microscópicas como bacterias, virus y hongos, son también parte de las cadenas bióticas con las cuales convivimos  y compartimos el ambiente, al igual que las especies mayores de la flora y de la fauna terrestre y marina. Las alteraciones que el hombre inflige a la naturaleza tienen un costo que más temprano que tarde tenemos que pagar y ahí estamos todos los sonorenses presentes y  futuros, los actuales y los venideros.

Hagamos algo.

 

miércoles, 9 de marzo de 2022

 

El IDOLO DE BARRO

Edgar Piña Ortiz

 



Ahí está a toda hora, en todo canal de TV, en cada noticia de prensa, en todas las redes sociales y en todas las conversaciones de la gente.

Su  pelo blanco, su piel  color de barro, sus ojillos vidriosos. Sus comisuras pronunciadas hacia abajo, como las de los muñecos de ventrílocuo. Sus gestos y ademanes repetitivos y sus palabras pausadas, lentas, cansinas.

¿Y sus mensajes?

Bueno, su mensaje, más bien, su propaganda repetida hasta el hartazgo es muy simple: todo lo malo que sucede en el reino bananero, es culpa de los adversarios, los contrarios, los conservadores, los enemigos.

Pero todo por servir se acaba. Tanto va el cántaro al pozo que un día se quiebra. Si hay muchos, muchísimos muertos todos los días, colaterales del negocio del narco, del tráfico de personas, de armas y de toneladas de veneno, es culpa de los conservadores anteriores que estaban coludidos con las mafias.

Si pega un ciclón en el sureste del país, es parte del plan de los conservadores para crearle problemas a su gobierno y a la continuación de la cuarta transformación.

Si se publica algo escandaloso de su familiares, sus colaboradores, sus amigos, sus cómplices, no es para tanto dice el ídolo maquillado en ocre, los anteriores robaban más y nadie decía nada.

Si cientos de mujeres son abusadas, violadas o asesinadas no es culpa de las mafias y de las corporaciones militares, policíacas y judiciales, sino de  los que perdieron sus privilegios y quieren crearle problemas al paraíso de la esperanza y la pobreza generalizada.

Pero el elemental razonamiento,  la maniquea visión de nosotros y ellos, la excusa trivial, el pretexto enclenque, la distracción marrullera; el gesto irónico, perverso, falsamente divertido, se están desgastando cada vez.

Las palabras de tanto usarse tienden a perder significado y con el envejecimiento dejan de tener el efecto esperado. Por las comisuras de su boca, al ídolo perverso se le escapa la malsana sustancia de que está hecho.

En su cuerpo desvencijado se refleja el efecto del deterioro, la erosión, el derretimiento de su estructura, producto de carecer de alimento sano, de algo positivo, constructivo, creativo, redituable socialmente y emocionalmente  reconfortante.

Los trucos recomendados, sugeridos e implementados por sus protegidos caribeños, no le funcionan, son intrascendentes, huecos, inútiles y topan con frecuencia con la carencia de recursos. Lógico, si tienen sofocada la economía no puede haber flujo sostenido de impuestos que cubra los gastos billonarios de las fuerzas armadas, los megaproyectos fallidos, los programas sociales manejados con las garras de la corrupción, las estructuras burocráticas obesas y crecientes, las huestes partidistas hambrientas y sedientas.

El disco está rayado, decíamos antes cuando el acetato giraba sobre las mismas líneas y repetía hasta el cansancio las mismas letras. El discurso está agotado y no alcanza a tapar la realidad que se interpone entre la burbuja de palacio nacional y un país, una nación, una república que está viviendo una de sus etapas más difíciles de su nada fácil historia.

El ídolo de barro se derrite.                         

 

miércoles, 4 de agosto de 2021

¿ENFERMEDAD TERMINAL DEL ISSSTESON?

 




 

En un par de ocasiones previas, he externado mis puntos de vista sobre el funcionamiento del organismo encargado de los servicios de salud, atención médica y fondos de retiro, de los trabajadores al servicio del gobierno del Estado de Sonora.

 En  Los Problemas de salud  del ISSSTESON de un lejano 3 de marzo de 2016,  doy mi percepción de la disonancia entre lo que dice el sitio web del Instituto, que se auto describe como de primer mundo, y la realidad que muestra carencias de todo tipo en los establecimientos, principalmente medicamentos, ineficiencias de funcionarios y empleados, negligencias médicas, hospitalizaciones tardías o inadecuadas, etc. etc., etc.

 Un año después, el 23 de marzo de 2017,  en  La Parasitosis del ISSSTESON. , se intenta razonar una propuesta de desparasitada al organismo so riesgo de muerte financieramente anunciada. Con el paso del tiempo, sin embargo, lejos de mejorar su salud física y financiera, en el Instituto es cada vez más perceptible la decadencia de los servicios. Servicios, por cierto hay que recordarlo, que él mismo  está obligado a prestar en base a las aportaciones de los propios empleados y sus patrones, esto es gobierno estatal, municipales, y organismos y entidades públicas bajo el mando del poder Ejecutivo del Estado.

Hoy faltando unos días para que la actual administración estatal, representada por la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano, entregue cuentas y activos que estuvieron a su disposición por un sexenio, asomarse al ISSSTESON es reforzar el convencimiento de que las enfermedades del Instituto han avanzado y resulta casi milagroso que continúe operando. 

 




Con toda la gravedad que conlleva para quienes dependemos de sus servicios de  salud y confiamos  nuestros ahorros de años al ISSSTESON, para que él  administre pensiones y jubilaciones cuando llegue el momento, todavía resulta  más asombroso que los derechohabientes, permanezcamos en una especie de letargo cívico que es aprovechado por los políticos y burócratas que ya se van (¿se irán?) y están principalmente ocupados en acomodar bien los ahorros que lograron reunir, con la seguridad de que no serán requeridos para dar cuentas claras y chocolate espeso, cuando arriben los nuevos jefes al Gobierno del Estado y al ISSSTESON.
 

Le cuento que hay una nueva regla que ha inventado la burocracia de farmacias ISSSTESON. La misma burocracia que recibe depósitos en su nómina financiada con nuestras aportaciones, inventa cada vez más dificultades para que los derechohabientes accedan a las prestaciones previamente pagadas. La política, la regla, el procedimiento consiste en que mientras un medicamento esté disponible en cualquiera de los puntos de la red de farmacias oficiales del ISSSTESON, no te pueden dar el vale de subrogación para la farmacia que  está ahí al lado del Hospital Chávez.

Cuando el derechohabiente, el cliente, el sostenedor forzado de un organismo emparasitado  y parasitario, no muestra voluntad y capacidad de reacción ante el incumplimiento en sus funciones del organismo obligado a ello, tiene como consecuencia que funcionarios y empleados, a cualquier nivel en que se encuentren, van a aumentar  los obstáculos y dificultades para que los que tenemos el derecho a una prestación, optemos por pagar el servicio o el medicamento en otro lado con tal de no enfrentar malas caras y malos tratos en una ventanilla que siempre tiene la misma respuesta: no hay, no hay, no hay.

No dispongo de una conclusión medianamente sustentada sobre esta problemática que afecta a miles de trabajadores y sus familias, pero en lo que sí tengo una fatal seguridad, es que más pérdidas de ingreso real y prestaciones se están gestando en estos momentos, en detrimento de los trabajadores.

 

 

martes, 25 de mayo de 2021

Una metáfora para el desarrollo capitalista

 


Dr. Edgar Piña Ortiz

Se propone en esta exploración teórica pragmática, una visión del desarrollo económico y social de cualquier región o país, basada en el funcionamiento coordinado, equilibrado y sostenido de los cuatro factores de la producción, en el proceso productivo, en los millones de procesos productivos que las empresas realizan cotidianamente en su participación en el mercado.

Parece haber coincidencia en una mayoría de autores de economía básica, que los factores que intervienen en el proceso productivo son cuatro: Recursos Naturales, Recursos Humanos, Capital y Tecnología y Capacidad Empresarial.

Observemos el proceso productivo, ya dijimos, los millones de procesos productivos, sucediendo en la actualidad, como un engranaje de cuatro ruedas, actuando coordinadamente y en armonía, para obtener los resultados previstos en la forma de bienes y servicios, que son intercambiados voluntaria y ventajosamente para todos en el mercado. Producto de este intercambio entre individuos es la generación de un ingreso, una renta, un interés, una ganancia, objetivo fundamental de todo emprendimiento productivo para el mercado.

Así visto como engranaje, es fácil concebirlo como conjunto integrado cuya funcionalidad final depende del correcto desempeño de sus partes. Si alguno de los engranajes no participa correctamente, el proceso todo está comprometido.

Todavía más, si el proceso productivo, lo visualizamos como un vehículo de cuatro ruedas, es fácil admitir que si alguna de ellas no tiene el mantenimiento y la presión de aire necesaria el vehículo tendrá dificultades para avanzar.  Así en la realidad económica cotidiana, si alguno de los factores de producción no obtiene la retribución necesaria por participar, si no tiene el incentivo suficiente y oportuno para continuar en el emprendimiento, el proceso todo está -si no se corrigen las causas de la disfuncionalidad-, en riesgo de no sobre vivencia. Así vemos, diariamente empresas que crecen, que se hacen competitivas y que permanecen en el mercado, pero también vemos ejemplos de estancamiento, inviabilidad y cierre.

En este conjunto de factores organizados, que llamamos proceso productivo, es el empresario, quien asegura la funcionalidad del todo. Sin el detonante de un emprendedor no existe una actividad productiva. Es el empresario, de acuerdo con su capacidad e interés, quien combina los insumos, el recurso humano y el capital de inversión y de trabajo, para obtener el producto o servicio el cual  genera un ingreso a los cuatro factores de la producción.  Sin la iniciativa humana, sin la acción humana, entendida bajo el concepto de la Praxeología de Ludwig Von Mises (1881-1973)[1],  no se da el fenómeno económico.

La acción humana y la empresa

La Praxeología es una metodología de la ciencia económica que se basa en el axioma fundamental de que los seres humanos actúan, es decir, en el hecho primordial de que los individuos realizan acciones conscientes hacia objetivos elegidos.

La acción humana, precisa Von Mises, es conducta consciente, voluntad transformada en actuación, con objetivos e intenciones precisas. Es una reacción consciente del ego ante los estímulos y las circunstancias del ambiente. Es la respuesta al impulso de los individuos de pasar de una menor a una mayor satisfacción.

Es la acción humana la que en sus formas más simples, instintivas casi, permitió a la especie humana, sobrevivir y evolucionar hasta convertirla en la especie rectora de las civilizaciones y culturas que habitan el planeta.

Es acción humana la iniciativa de afilar una piedra para convertirla en punta de lanza y ganar así la lucha por el alimento o por el territorio que lo provee. Es acción humana, en la misma forma, la empresa, las empresas complejas, que hoy en día han logrado  descender en Marte con objetivos claros de colonización.

Así, un individuo o un grupo de individuos asociados, con propósitos definidos de transformar una oportunidad en una ventaja, en un negocio, se constituye(n) en empresa. Es ésta, pues, un fenómeno natural de la existencia humana, que ha posibilitado su desarrollo a lo largo de su coexistencia en la tierra, con el resto de los seres vivientes.

Sin embargo, no toda respuesta del individuo a los estímulos del ambiente, de la realidad circundante, puede llegar a ser empresa. Para que ésta exista, se requiere que el sujeto tenga primero la capacidad de descubrir e identificar   una  oportunidad de mejora, una circunstancia propicia para obtener una ventaja, para hacer un negocio, para pasar a un mayor nivel de satisfacción.

Enseguida, el emprendedor o los emprendedores, deben de tener la habilidad de organizar correcta y productivamente los otros factores productivos, indispensables para que se dé el proceso y que son los recursos naturales o materias primas, el factor trabajo (manual o intelectual) y el capital ya sea para inversión en maquinaria, equipos, terrenos, edificios y tecnología o para solventar los gastos de operación de la propia empresa.

Finalmente, la empresa para que persista y se desarrolle debe de ser capaz de obtener beneficios y repartirlos equitativamente entre los propietarios de los cuatro factores productivos. Si alguno de estos requisitos no se cumple, la empresa sencillamente no existe.

Este factor es tan importante porque es el empresario el que toma las decisiones sobre la utilización y retribución a los propietarios de los recursos naturales, del esfuerzo  manual e intelectual y del capital de trabajo y de inversión, que forman parte del proceso de producción para el mercado.


En la figura 1, se observa una representación simplificada del proceso productivo, en el que el factor predominante es la empresa por ser la que integra y conduce al resto de los factores.

Una empresa es semejante a un vehículo de cuatro partes que se necesitan para poder funcionar. Si algo falla en alguna de las partes, el proceso tropieza y o se corrige y se transforma y continúa o mal funciona hasta desaparecer.

Condición esencial para el correcto funcionamiento del vehículo del desarrollo económico y social, es que el terreno donde funciona reúna las condiciones de infraestructura, estado de derecho, instituciones sólidas, estabilidad política y financiera, entre otras cualidades propias de una República Democrática.

En el núcleo de la metáfora del proceso productivo, está el concepto de la renta o retribución de los factores.


En la figura 2, se aprecia el proceso productivo en el que se combinan los cuatro factores, para generar un producto que al ser comercializado en el mercado genera los ingresos que alimentan el interés de las personas involucradas.

Si la apropiación o disfrute del resultado productivo, no le permite a los cuatro factores de la producción obtener el beneficio esperado, suficiente y correlativo a la aportación sobre el producto, es decir, si no es sostenible, el proceso productivo todo resiente la falla y en algún momento, o se mejora, o se cambia, o desaparece.

 La retribución a los factores de la producción

La parte medular de la alegoría del desarrollo productivo radica en la funcionalidad de las partes. Si alguno de los factores de la producción no alcanza la remuneración esperada por su participación en la empresa, el proceso empieza por funcionar erráticamente, onerosa e inciertamente y más temprano que tarde deja de trabajar.

En la figura 2, se puede apreciar que a cada factor de producción corresponde un ingreso. Así la compensación por el usufructo de los recursos naturales, convencionalmente, llamamos renta; a la retribución por el trabajo manual o intelectual, denominamos sueldos y salarios; a el pago por el uso del capital lo conocemos como intereses y dividendos; y al beneficio por crear, manejar y desarrollar una empresa, se le conoce como utilidades y ganancias.

Este proceso circular, recurrente y progresivo, requiere para funcionar de determinados contextos. Como todo vehículo necesita escenarios adecuadas para desplazarse, como pueden ser las condiciones del terreno, la señalización, las reglas y costumbres. Así toda empresa, todas las empresas, necesitan de infraestructura, financiamiento y regulaciones apropiadas que aseguren el respeto al estado de derecho, a las leyes, las instituciones, los principios que rigen la vida de un país.

A continuación, se intenta una descripción sucinta de los efectos negativos que un proceso disfuncional puede tener en cada uno de los cuatros factores de la producción.

Los Efectos de un Proceso Productivo Disfuncional

Factor Recursos naturales

El efecto garantizado de una insuficiente remuneración a los dueños de los recursos naturales se  verá ilustrado por las siguientes calamidades presentadas en cualquier orden.

vPrecarización o agotamiento de recursos naturales como tierras, aguas, bosques, especies vegetales y animales, fuentes de energía, minerales e hidrocarburos.

v  Contaminación del aire, aguas, tierras y catástrofes climáticas y ambientales incluyendo el cambio climático.

  vAtraso económico y social de los propietarios de recursos naturales sean estos patrimonios privados, comunales, nacionales o estatales.

Factor recurso humano

Para el caso del factor recurso humano, ya sea trabajo manual o intelectual, los efectos de un modo productivo que no le da sostenibilidad en el proceso, pueden ser:

v             Bajo nivel de ingreso insuficiente para un nivel de consumo que aliente la actividad         productiva de las empresas.

v           Bajo nivel o ausencia total de ahorro en las familias que pueda ser destinado a la             inversión e innovación productiva.

v            Precario nivel educativo y cultural de la población que se refleja en desempleo,                 subempleo, malempleo y marginación generalizada.

v           Altas tasas de morbilidad/mortalidad en una población ignorante o ajena a las                 medidas de prevención y de tratamiento de enfermedades.

v           Comunidades y sectores sumergidos en la violencia e inseguridad pública.

v           Consecuencia del atraso educativo y cultural, el nivel de entendimiento y                           participación  política es también endeble y susceptible de ser aprovechado por                 políticos sin preparación que llegan a ocupar posiciones de gobierno.

Factor capital

Para el caso del capital de inversión física y de trabajo, los efectos de un ambiente productivo disfuncional se pueden distinguir los siguientes:

v      Escasez de dinero para financiamiento de las empresas y negocios y como                       consecuencia, alto costo del factor capital (altas tasas de interés) en el sistema                   bancario.

v      Migración de capitales desde las localidades deprimidas hacia plazas más                         dinámicas y hacia países con mayor estabilidad o seguridad de los fondos o que             signifiquen refugios fiscales.

v       Los capitales que permanecen  en la economía local se orientan hacia formas                  especulativas de ahorro e inversión financiera o  hacia formas de consumo suntuario        que benefician a empresas foráneas que producen dichas mercancías y servicios.

v       Todo lo anterior se refleja en lentitud de inversión o franca desinversión en la                   economía de que se trate, lo que desemboca en desempleo y estancamiento.

Factor empresario

En cuanto al factor capacidad empresarial, las consecuencias de un proceso disfuncional, pueden ser las siguientes:

v     Ausencia de competitividad de los productos generados por la empresa, en mercados        locales, regionales, nacionales e internacionales.

v          Altos precios de bienes y servicios ofrecidos frente a una demanda del mercado                rígida.

v           Ineficiencia (altos costos), paralización y atraso tecnológico en los procesos                     productivos.

v           Las empresas disfuncionales se distinguen por el  desperdicio de materias primas y        por sus impactos negativos sobre los recursos naturales y el ambiente.

v          Es común observar en empresas disfuncionales alta explotación o mal uso de los               recursos humanos al servicio de la organización.

v          Consecuencia de lo anterior, el recurso humano adscrito a la empresa muestra                  comportamientos rutinarios y desincentivados, por no decir que con frecuencia son           contrarios al interés de la firma.

v          Corrupción al interior de la empresa y en sus relaciones con el mercado y las                    instancias gubernamentales.

El Círculo Vicioso de la Pobreza

Fue el economista Sueco Gunnar Myrdal (1898-1987), Premio Nobel de Economía 1975, quien propuso en sus libros sobre la economía de los países subdesarrollados, el conocido “círculo vicioso de la pobreza”.

Este fenómeno, se explica en términos de que una población de trabajadores de bajos ingresos, tiene baja capacidad de consumo y de ahorro, lo que desalienta el crecimiento de la oferta de bienes y servicios de las empresas, al tiempo que  limita el volumen de recursos monetarios domésticos, es decir, capital para inversión en la economía.




En la figura 3, se observa que una retribución insuficiente en el factor trabajo se refleja en bajo niveles de consumo y de excedentes para el ahorro de las familias, lo cual afecta las decisiones de inversión de las empresas y, como consecuencia la inversión pública.  La falta de dinamismo en la inversión se manifiesta en la presencia de una situación económica de estancamiento y aún de retroceso, resultando con ello una renta insuficiente de los factores, con lo cual se realimenta un proceso indeseable y pernicioso que se denomina circulo vicioso de la pobreza.

En cambio, las economías que reúnen las condiciones apropiadas para que las empresas permanezcan, se desarrollen y sean capaces de asegurar la equitativa distribución del ingreso entre los factores de la producción, son aquellas que participan en círculos virtuosos de desarrollo(Fig.4).

Conclusión

Las economías con saludables ritmos de crecimiento y desarrollo son aquellas que reúnen las condiciones de infraestructura, energías y servicios necesarios en un ambiente sano para los negocios y en un estado de derecho favorable para el consumo, el ahorro y la inversión.

Esta situación que llamamos circulo virtuoso del desarrollo, es alcanzable mediante procesos productivos equilibrados y armoniosos de los cuatro factores de la producción, actuando funcionalmente y en forma sostenida, en un territorio, con una población y  con un gobierno respetuosos de las leyes y administrado por instituciones sólidas, eficientes y al servicio de la economía y la sociedad.

 

 



[1] Economista austriaco, autor de “La Acción Humana: Un tratado de Economía”.